Una Conversación Entre el Hotelero Alan Faena y el Cineasta Alejandro Jodorowski

Cuando está construyendo hoteles magníficos o construyendo un distrito artístico completo en Miami Beach, Alan Faena sueña grande.

Alan Faeda Miami Playa Casa
Douglas Friedman

En un universo en el que todo es ilusión, donde el individuo imaginario se enfrenta a sueños que oscilan entre un infierno horripilante y el paraíso dichoso, están aquellos que aceptan la derrota frente a una crisis. Otros, sin embargo, eligen buscar la ilusión más hermosa. Y ningún espacio ofrece una cristalización más tierna de la ilusión que la casa propia: en un hogar creamos un universo finito, cuya estructura y ambientación reflejan el paraíso noble de nuestros sueños. El autor de barrios enteros y distritos artísticos, Alan Faena ha logrado precisamente esto en su casa dorada y coqueta de Miami Beach.

En las profundidades de su corazón, Alan supo que acercarse a una ilusión bella no es lo mismo que realizarla. Avanzó a pasos agigantados, superando los límites de varias industrias en su búsqueda sincera. Alan es un creador quien no solamente ha prestado su nombre a estos territorios únicos, sino que también reside allí. Obsérvelo en su característica vestimenta blanca (a veces salpicada con rojo), con una galera o un panamá posado en su cabeza con el carisma de un galán, mientras habita plenamente las habitaciones barrocas y serenamente exuberantes de su casa. O pasa por su Hotel Faena vecino, una fantasía de telón aterciopelado que desvela una vida cuya esencia es pura alegría, adornada por detalles exquisitos. Su presencia transmite la armonía alquímica del bienestar y la elegancia extrema, transformando el lujo en la dulzura de vivir.

Alan Faeda Miami Playa Casa
En el segundo salón de Faena, ay una sofá de Baker y obras de arte de (desde la izquierda) Juan Stoppani y Julian Schnabel
Douglas Friedman

La ambición de mi amigo Alan es generosa. En su búsqueda de la más bella de todas las ilusiones, ha construido un universo en continua expansión para así superar la evanescencia perpetua de aquello no nutrido por la creación incesante; vive rebosante de arte y belleza, sin jamás abandonar su sensación innata de hospitalidad, su elegancia, su cortesía y su fidelidad a sí mismo. Estas son todas cualidades excepcionales y atesoradas. Aquí, a través de una serie de preguntas introspectivas, te invito a conocer su galaxia más íntima.


ALEJANDRO JODOROWSKY: ¿Te guía tu intelecto o tu intuición? ¿Tu cuerpo o tu alma?

ALAN FAENA: Me guía mi vida entera, el instinto. Trabajo conmigo mismo para discernir, para no hacerme trampas, para ser claro con los demás en cada relación y en cada desafío.

AJ: ¿Cuándo eras niño, qué soñabas ser al llegar a adulto?

AF: Solía imaginarme como astronauta. Cubrí una pared con fotos de lugares que permitían a mi mente volar hacia mundos desconocidos. La vida me fue dando la tenacidad y la concentración para hacer realidad los sueños y para prestar magia a estas realidades. Aprendí la importancia de sostener los sueños del niño, para así crear realidades nuevas de grande.

AJ: ¿Cuál ha sido tu alegría más grande y cuál tu tristeza más grande?

AF: El haber tenido a mi hijo Noa y, el estar día a día acompañándolo a crecer y a fortalecerse, fue y es un estado de bendición. Luego, todo desafío que me acerque a la creación es una desafiante alegría y siempre es triste cuando no estoy a la altura de mi pensamiento. Pero estas decepciones son inevitables y forman parte del proceso. Si estamos despiertos, nuestro aprendizaje es continuo.

AJ: ¿Cuál es la finalidad del arte?

AF: Desde mi rincón, la finalidad del arte es hacer más noble, emotivo, sensible e inteligente al mundo. Elevarlo. El arte es una ofrenda, un manantial para quien quiera acercarse.

Alan Faeda Casa Miami Beach
Una silla de Philippe Starck, un otomano mexicano, un espejo de Luis XV y una obra de arte candelabro de Peter tunney en el cuarto principal
Douglas Friedman

AJ: ¿Qué significa, para ti, una casa, el hogar?

AF: Más que hogares, mis casas son templos. Donde sea que vaya, los creo. Vivo en un templo y un tiempo propios que incluyen mi música, mi arte y mis seres queridos. Cada elemento que selecciono tiene un poder estético o un sentido espiritual que me enaltece. No pienso en términos de diseño, sino en hacer visibles las capas de mis diferentes experiencias de vida. Los espacios tienen su energía propia y, con cada capa distinta, la energía de un lugar cambia y recibe nuevas influencias. Mi colección de cristales envuelve y llena mi casa; las piedras me transmiten sus energías. A la hora de elegir arte para mis espacios, no baso mis decisiones en el nombre y la trayectoria del artista sino en cómo la obra me invita a pensar o ver desde una perspectiva nueva. Creo espacios capaces de inundarme con vitalidad, de inspirar mis creaciones y de ofrecerme la paz necesaria para seguir transformándome. En esencia, soy quien soy a raíz de los espacios que genero; me permiten vivir en paz absoluta conmigo mismo y con el mundo que me rodea.

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Las sombrillas y las tumbonas de la piscina son personalizadas por Faena. El vidrio es Zoysia.
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AJ: ¿Si pudieras mejorar al mundo actual, qué es lo primero que cambiarías?

AF: Yo creo en una evolución cósmica y un camino universal eterno. El mundo es perfecto porque es caótico, y no me propongo cambiarlo. Pero sí busco evolucionar yo. El mundo se transforma con el movimiento inteligente (o no tanto) de los seres humanos.

AJ: ¿Cuál es la meta de tu vida?

AF: Mi meta es la experiencia transformadora del camino en sí. Lo que realmente importa no es un fin particular, sino la transformación perpetua de cada día.

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